Los matrimonios, complicados por sí mismos, enfrentan un reto especial cuando, además, deben atender las obligaciones de la empresa familiar a la que pertenece uno de los cónyuges. La armonía es posible cuando se utiliza la protocolización a favor de las relaciones políticas.
Cuando una persona se casa con un miembro de una empresa familiar, también contrae matrimonio con toda la organización y la familia empresaria. Ambas instituciones habrán de convivir con el nuevo cónyuge y, en su caso, con los hijos futuros.En las empresas familiares existen las reservas y los descalificativos pesan muy a menudo sobre los parientes políticos. Esto se explica porque la llegada de un personaje puede alterar el orden natural de la familia; también, por el riesgo que conlleva una separación matrimonial, misma que puede generar un impacto en la estructura del negocio o en su situación patrimonial.
Cuento con 33 años de experiencia en las áreas de Contabilidad, Auditoría e Impuestos en la firma Salles, Sainz – Grant Thornton, 12 años de experiencia en la institucionalización y gobierno corporativo de empresas familiares y en apoyar a las familias en la elaboración de protocolos familiares.