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En los últimos años, particularmente desde 2018, es innegable que en México ha habido un cambio en la cultura fiscal. El incremento en la recaudación de impuestos es real y, en cierta medida, merece reconocimiento. Hoy se cobra más y se cobra mejor. Sin embargo, ese aumento no proviene de una ampliación significativa de la base de contribuyentes, sino de los mismos de siempre, pagando más y con mayor rigor.

Ciertos vicios, como la venta de facturas, no han desaparecido por completo, pero sí se han reducido de manera importante entre privados. Paradójicamente, en múltiples casos las propias autoridades han sido señaladas como consumidoras de este tipo de prácticas para desviar presupuesto u ocultar flujos de procedencia ilícita. Ese es un debate que sigue pendiente y que no puede ignorarse cuando se habla de justicia fiscal.

Los mismos contribuyentes, mayor recaudación de impuestos

El problema de fondo es claro: no somos más contribuyentes, somos los mismos pagando más.

Para un pequeño o mediano empresario, la carga fiscal  es difícil de sostener:

  • ISR corporativo del 30 %.
  • 10 % adicional al distribuir dividendos.
  • PTU del 10 %, con un tope de hasta tres meses de salario.
  • Carga social (IMSS, Infonavit, SAR) que ronda entre 20 % y 25 % del salario bruto aproximadamente.
  • Impuesto a la generación de empleo llamado Impuesto Sobre Nómina, que puede llegar a un 3.5 %.
  • ISR retenido a trabajadores, que en la práctica muchas veces termina siendo absorbido por el empleador.

Hoy, los trabajadores ya no quieren escuchar de salarios brutos. El neto es lo que manda. Esto provoca que, aunque legalmente el ISR sea del trabajador, económicamente lo absorba la empresa, reduciendo aún más su margen.

Un piso formalmente parejo, pero económicamente desigual

Formalmente, el piso es igual para todos: la tiendita de la esquina y una multinacional como Coca-Cola enfrentan el mismo marco legal laboral y fiscal. Pero las condiciones reales son radicalmente distintas.

A esto se suma una distorsión importante: el Régimen Simplificado de Confianza (RESICO) para personas físicas, que en los hechos funciona como un paraíso fiscal interno. Mientras algunos contribuyentes pagan tasas efectivas mínimas sobre ingresos brutos, las empresas de servicios en crecimiento y las PYMES quedan en clara desventaja, atrapadas en un régimen oneroso y altamente fiscalizado.

El mensaje implícito parece ser: crecer y formalizarte te castiga; mantenerte pequeño o migrar a esquemas simplificados te premia.

Un entorno adverso para el pequeño y mediano empresario

El problema no es solo fiscal. El pequeño y mediano empresario enfrenta, además:

  • Falta de acceso a crédito barato.
  • Pocos programas reales de desarrollo.
  • Escasa capacitación subsidiada.
  • Altos costos de cumplimiento administrativo y fiscal.

Mientras tanto, se le exige competir contra grandes corporativos con economías de escala o contra contribuyentes en RESICO personas físicas que pagan una fracción del ISR. Así, el juego no es equilibrado: o eres grande, o eres RESICO persona física. El que está en medio, resiste hasta que puede.

Reformas laborales: necesarias, pero incompletas

Pocos están en contra de avances como:

  • Incremento al salario mínimo.
  • Más días de vacaciones.
  • Eliminación del outsourcing abusivo.
  • Reducción de la jornada laboral.
  • Posible incremento del aguinaldo.

El problema es que todas estas medidas no le cuestan nada al gobierno, pero sí incrementan de manera directa el costo de operar para las empresas, sin distinguir tamaño, sector o capacidad financiera.

No hay reducciones en ISR, no aumentan las deducciones personales para trabajadores, los límites siguen siendo restrictivos, y las devoluciones de impuestos cada año son más complejas y tardadas.

Lo que hace falta: política fiscal con enfoque PYME

No se trata de dejar de pagar impuestos. Se trata de pagar todos, pero en función de las realidades económicas de cada sector y tamaño de empresa.

México necesita urgentemente:

  • Estímulos fiscales reales para la generación de empleo.
  • Reducciones temporales en cuotas del IMSS para PYMES.
  • Tasas preferenciales de financiamiento.
  • Programas de capacitación efectivos.
  • Un tratamiento diferenciado entre micro, pequeñas, medianas y grandes empresas.
  • Reducir el costo de cumplimiento, no solo aumentar la fiscalización.

Si la producción de bienes y servicios aumenta, ganamos todos: más empleo formal, más consumo, y sí, más recaudación de impuestos sostenible.

Comentario final

Este no es un llamado a la evasión ni a la informalidad. Es un llamado a un piso verdaderamente parejo, donde el esfuerzo del pequeño y mediano empresario sea reconocido y apoyado, no castigado.

Te invito a reflexionar y a llevar esta discusión a todos los espacios posibles: plataformas digitales, trabajo, familia, amigos, cámaras empresariales, grupos de networking y medios de comunicación.

México no puede darse el lujo de seguir asfixiando a las PYMES, quienes sostienen gran parte del empleo formal del país.

   

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