Alrededor del año 2005, tuve la oportunidad de trabajar en KPMG. En ese entonces, era muy común convivir con profesionales que habían iniciado su carrera en las décadas de los 70 y 80. De aquella época, recuerdo con especial claridad una plática con uno de mis jefes que hoy, ante el auge de la IA en la contabilidad, cobra más sentido que nunca.
«En los 80 llevábamos los registros en libros literales de papel», me comentaba. «Para los 90, casi todas las empresas ya tenían computadoras. En ese tiempo nos aseguraban que nos quedaríamos sin trabajo; nos decían que los ERPs iban a reemplazar a los contadores».
Sin embargo, la historia fue muy distinta. En mi experiencia, cada empresa que implementaba sistemas complejos como SAP terminaba contratando a más contadores de los que tenía antes de empezar.
Esa conversación marcó profundamente mi visión sobre las amenazas tecnológicas en nuestra profesión. Con el tiempo, la historia se repitió: hacia 2015 y 2016 nos juraban que la llegada del XML y la facturación electrónica nos eliminaría. Pero sobrevivimos. Con cada disrupción digital, la realidad demuestra que nos volvemos más necesarios. A mayor volumen de información, más velocidad y complejidad, el cumplimiento normativo y la toma de decisiones estratégicas se vuelven indispensables. Las exigencias del mercado simplemente no dejan de crecer.
De la resistencia a la práctica: el impacto real de la IA en la contabilidad
Cuando escuché por primera vez sobre las herramientas de generación de texto y análisis de datos, mi primer pensamiento fue idéntico al de mi jefe en los años 90: «Muy bonito, pero esto no nos puede reemplazar».
Sin embargo, la curiosidad me llevó a usarlas una y otra vez. Sin darme cuenta, terminaron convirtiéndose en mis compañeras de oficina de todos los días. Con el tiempo, esa misma adopción orgánica ocurrió con la mayoría del personal de la firma.
¿Esto ha significado reducir personal? No. Pero tampoco hemos tenido contrataciones masivas. Aunque en corporaciones globales e incluso en empresas de conocidos se han visto recortes debido a la automatización, en el día a día de un despacho contable la tecnología nos está transformando en profesionales de alta eficiencia. Ya no estamos ante buscadores sofisticados; hoy estas plataformas nos ayudan a conciliar grandes volúmenes de información, realizar investigaciones profundas, estructurar opiniones fiscales complejas y modelar proyecciones financieras en cuestión de minutos.
Caso de éxito: Conciliando un año de bancos en 24 horas
Para poner en perspectiva el alcance de esta tecnología, recientemente llegó un cliente a la firma con un reto monumental:
- 5 cuentas bancarias.
- Entre 30,000 y 40,000 movimientos mensuales.
- Ventas al público en general con un 60% de operaciones en efectivo.
- Un año completo arrastrando diferencias en bancos.
En lugar de delegar esto a un equipo para semanas de captura manual, decidimos procesar la información con un modelo avanzado de lenguaje de análisis de datos. Le alimentamos los estados de cuenta, los auxiliares contables de bancos y reportes adicionales de cobranza, explicando detalladamente el contexto y las reglas del negocio.
El proceso completo, incluyendo las pruebas de validación, tomó cerca de 24 horas. ¿El resultado? Se concilió el banco de todo el año en un solo día. Esto demuestra que la velocidad de procesamiento actual no tiene punto de comparación con la llegada de las primeras computadoras.
Esto no es como las computadoras: Una disrupción sin precedentes
El panorama actual va mucho más allá de un software de oficina. Las grandes potencias globales se encuentran en una carrera armamentista y tecnológica por desarrollar la inteligencia artificial más potente, lo que ya está provocando disputas energéticas, tensiones diplomáticas, aranceles y conflictos geopolíticos. Incluso desde el Vaticano se ha comparado este fenómeno con el impacto de la Revolución Industrial.
Sin embargo, hay un factor clave que marca una diferencia radical con el pasado.
Las máquinas de la Revolución Industrial y las computadoras del siglo pasado fueron creadas con un propósito claro: ser operadas por seres humanos. Eran herramientas que requerían de nuestras manos y nuestra supervisión constante. La IA actual parece apuntar a todo lo contrario: está diseñada para operar de forma autónoma, exigiendo cada vez menos intervención humana.
La gran diferencia: Un archivo de Excel o un ERP jamás tomaron decisiones por sí mismos; eran repositorios y procesadores de datos. Hoy, la IA ya evalúa variables y ejecuta acciones de facto, influyendo directamente en decisiones económicas, financieras y legales.
Y quizás lo más inquietante de esta evolución es su capacidad para emular la empatía y la interacción humana, algo que cambia por completo las reglas del juego de lo que antes considerábamos «exclusivo» de nuestra especie.
¿Debemos prepararnos para ser reemplazados?
En el corto plazo, creo que sí serán reemplazados los contadores dedicados a la captura y procesamiento mecánico de información.
El flujo ya es posible sin intervención humana: llega una factura al correo → se activa un proceso de verificación → se registra → se turna para pago → se autoriza conforme a políticas → se ejecuta el pago. Todo automatizable.
¿Tiene riesgos? Por supuesto. Pero la IA va en la dirección de incrementar la seguridad y la calidad en la toma de decisiones. La intervención humana en ese esquema puede ser mínima: alguien que revise selectivamente el soporte documental o que atienda las alertas que la propia IA genere sobre transacciones inusuales.
Para tareas de mayor valor (análisis, criterio, estrategia) tardará más. Pero también las alcanzará.
Comentario final
Mi postura es firme: la única vía es convertirnos en expertos en estas herramientas tecnológicas y encontrar la forma de generar un valor mucho mayor para las empresas a través de su uso inteligente. Debemos identificar y potenciar nuestro verdadero diferenciador humano, aquello que las máquinas (al menos en el futuro próximo) no podrán replicar.
Nuestra mayor fortaleza reside en nuestra capacidad de adaptación. Hace poco, durante un curso, un participante me desafió con una pregunta: «Dame un ejemplo real con un cliente que demuestre qué es lo único que solo un humano puede hacer».
La respuesta es muy sencilla:
Imagina que hoy mismo te llega una auditoría profunda del SAT a tu empresa o despacho. ¿Con quién prefieres atenderla y defender tu patrimonio? ¿Con una ventana de chat de Inteligencia Artificial o con un especialista fiscal que lleva 20 años lidiando en la práctica con las autoridades?
Probablemente la respuesta de la IA sea muy corporativa y te diga: «Tranquilo, trabajemos en un escrito formal…». Pero ante una revisión de la autoridad, sabemos perfectamente que no es momento de estar tranquilos.
Ahí es donde la experiencia de campo, la malicia profesional, la defensa estratégica y el sentido de urgencia estrictamente humano demuestran por qué nuestra profesión sigue y seguirá siendo totalmente irreemplazable.
- Contador Público egresado de la Universidad del Valle de Atemajac, con más de 14 años de experiencia como Auditor Externo, Asesor Fiscal y
- Contralor Financiero en firmas BIG 4 y empresas transnacionales en giros de manufactura, comercialización, desarrollo de software, hotelería entre otros.
- Se desempeña como socio fundador de la firma de asesoría integral Tax ID, donde se atienden clientes extranjeros y nacionales de diferentes tipos de industrias.
Correo Electrónico: contacto@taxid.mx