¿Alguna vez te has puesto a pensar en la cantidad de decisiones y acciones cotidianas que llevan implícito el pago de impuestos? Lo más seguro es que no, y es probable que la palabra «impuestos» nos evoque llenado de formatos de declaraciones, documentos complejos, trámites engorrosos y fechas límite.
Sin embargo, la verdad es más simple y, a la vez, mucho más profunda: todos somos impuestos. Te explico por qué: el impuesto no es solo un trámite, es una constante en todos los actos de nuestra vida, día con día, acto con acto.
Con este post no buscamos que te conviertas en un experto fiscal (aunque podrías), sino que te apropies de un concepto fundamental: el sistema tributario es un ecosistema del que formamos parte activa, queramos o no, aun aquellos que decimos que no pagan impuestos, como los comerciantes informales: enseguida verás que también ellos pagan impuestos.
La ubicuidad de los impuestos o el “impuesto omnipresente”
La frase «todos somos impuestos» se basa en la realidad de que la obligación tributaria se manifiesta en casi cada transacción y acto de nuestra vida, mucho más allá del pago anual de ISR (Impuesto sobre la Renta) o de la retención de ISR que te hacen cuando te pagan la nómina.
Piensa en tu día desde que te levantas:
- Tu desayuno incluye impuestos al consumo: cuando vas al supermercado, cada producto (desde la leche hasta las frutas o los snacks) ha pagado Impuesto al Valor Agregado (IVA) en alguna parte de su cadena de producción o venta final. Si compras un refresco, un cigarro o gasolina para tu coche, también pagas, además del IVA, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). El simple acto de consumir te convierte en un contribuyente.
- Tu casa genera el pago de impuestos a la propiedad: la casa donde vives, ya sea propia o rentada, está vinculada al Impuesto Predial, un gravamen local que se paga por la tenencia de un inmueble. Si rentas, el dueño paga impuestos por esa renta. Si la vendes, se genera un Impuesto sobre la Renta (ISR) por la ganancia.
- Tu trabajo generalmente genera impuestos a la renta: tu sueldo, la base de tu economía personal, está sujeto a la retención de ISR. Esta es la manifestación más directa del concepto de que el ingreso o la utilidad generan una obligación. Cada mes, una parte de tu esfuerzo se destina al erario público.
- Tu entretenimiento te hace que pagues impuestos a transacciones y servicios: ¿compraste entradas para el cine o un concierto? ¿Pagaste tu servicio de streaming o el plan de datos de tu celular? En casi todos los servicios que utilizas hay una porción de IVA y/o de IEPS. Incluso las aplicaciones y compras digitales han entrado cada vez más en la mira fiscal para asegurarse de que cumplan con sus obligaciones.
El para qué del impuesto: cerrando el círculo
Al entender que somos «generadores» de impuestos con cada decisión, es más fácil ver el propósito detrás de ellos. Esos pagos, pequeños y grandes, no son solo dinero que se va; son la fuente que financia la infraestructura y los servicios que también usamos a diario (o al menos esa es la idea). Ejemplos de esa infraestructura y servicios son los siguientes:
- Las calles por donde circulas.
- La seguridad pública que te protege.
- Los hospitales y centros de salud.
- Las escuelas públicas donde se forman las futuras generaciones.
El impuesto es el precio que pagamos por vivir en una sociedad organizada.
Comentario final
Nuestro objetivo al educar sobre este tema es ir más allá del pago y el cumplimiento. Queremos que uses tu poder como contribuyente. Al reconocer que “todos somos impuestos”, adquieres una perspectiva diferente sobre el dinero que pagas y el dinero que se gasta.
Te invitamos a no ser un actor pasivo en la economía del país. Conviértete en un ciudadano informado, que conoce la huella de su carga fiscal y que exige transparencia y eficiencia en el uso de sus contribuciones.
En nuestro próximo post, exploraremos los diferentes tipos de impuestos que existen y cómo se clasifican.
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