Reflexionar con honestidad sobre el futuro del despacho contable exige cuestionar la viabilidad de los servicios que tradicionalmente han sostenido los ingresos de la profesión. La contabilidad, el cumplimiento fiscal y la asesoría empresarial seguirán siendo indispensables; sin embargo, competir en este sector implica enfrentar una regulación cada vez más estricta, inversiones tecnológicas constantes y herramientas de automatización que en pocos años estarán al alcance de cualquier contribuyente.
El otro día, durante una conversación con amigos, surgió el tema de qué negocio pondríamos si hoy tuviéramos que empezar desde cero. Después de pensarlo un poco, comenté que probablemente no volvería a abrir un despacho contable.
No porque crea que el despacho contable vaya a desaparecer, ni mucho menos. La contabilidad, los impuestos y la asesoría empresarial seguirán siendo necesarios. Sin embargo, considero que cada vez será más complicado competir en este sector. La regulación es cada vez más compleja, la inversión en tecnología se ha vuelto indispensable y las herramientas que hoy representan una ventaja competitiva posiblemente estarán al alcance de cualquier despacho contable dentro de unos cuantos años.
Además, estamos entrando en una etapa en la que muchas de las actividades por las que tradicionalmente hemos cobrado honorarios podrán realizarse de manera automatizada. Esto no significa que desaparezca la profesión, pero sí que tendremos que encontrar nuevas formas de generar valor y justificar nuestros servicios.
Del futuro del despacho contable al valor permanente del comercio
Después de aquella conversación me quedé pensando en qué tipo de negocio podría resultar interesante para los próximos veinte o treinta años. Curiosamente, terminé pensando en una de las actividades económicas más antiguas de la humanidad: el comercio.
Comprar y vender productos es algo que hemos hecho prácticamente desde que comenzaron a organizarse las primeras sociedades. Los productos, los medios de intercambio y los canales de distribución han cambiado innumerables veces, pero la actividad sigue siendo esencialmente la misma.
Las personas necesitan comer, vestirse, transportarse y adquirir artículos que les proporcionen comodidad, entretenimiento o simplemente satisfacción personal. También compramos cosas que realmente no necesitamos, pero que nos gustan, nos recuerdan alguna etapa de nuestra vida o nos hacen sentir parte de determinado grupo.
Por supuesto, las preferencias cambian con las generaciones. Para muchos jóvenes, tener un automóvil ya no representa la misma aspiración que tenía para sus padres. Hoy pueden utilizar Uber y resolver buena parte de sus necesidades de transporte sin adquirir un vehículo. Sin embargo, siguen comprando tenis, ropa, teléfonos, videojuegos y dispositivos tecnológicos.
Las generaciones mayores tienen otros hábitos de consumo. Compran artículos para el hogar, medicamentos, automóviles, herramientas y productos relacionados con sus pasatiempos. Incluso estamos viendo cómo ciertos artículos que parecían destinados a desaparecer, como los discos de vinilo o los reproductores de CD, siguen encontrando compradores.
Lo interesante es que, aunque las necesidades y los gustos cambian, las personas no dejan de consumir productos.
La automatización y la presión sobre el despacho contable tradicional
En cambio, cuando observo lo que está sucediendo con algunos servicios profesionales, encuentro un panorama diferente.
Actualmente, una persona física que tributa en RESICO puede contratar a un contador para emitir sus facturas, calcular sus impuestos y presentar sus declaraciones. Es un servicio que durante muchos años ha representado una fuente de ingresos recurrentes para miles de despacho contable.
Con el avance de la inteligencia artificial y la automatización, resulta perfectamente razonable pensar que en algunos años un contribuyente con operaciones sencillas podrá realizar buena parte de estas actividades mediante una plataforma. El sistema identificará sus ingresos, revisará sus operaciones, calculará los impuestos, preparará sus declaraciones y le advertirá sobre posibles incumplimientos.
Seguramente seguirá necesitando asesoría cuando enfrente una situación extraordinaria, pero difícilmente estará dispuesto a pagar lo mismo por actividades que un sistema puede realizar de manera automática.
Ahora bien, esa misma persona seguirá necesitando zapatos, alimentos, ropa, muebles y cientos de artículos que utiliza en su vida cotidiana. No va a fabricar todo lo que consume, aunque tenga acceso a las mejores herramientas de inteligencia artificial.
Alguien tendrá que producir esos bienes y alguien tendrá que comercializarlos.
Por eso considero que el comercio seguirá ofreciendo oportunidades interesantes, particularmente para quienes sepan identificar productos y mercados específicos.
Y no me refiero necesariamente a instalar una fábrica o desarrollar un producto completamente nuevo. Existen negocios que se dedican exclusivamente a comprar y vender, encontrar proveedores, seleccionar mercancías, construir una marca y acercar determinados productos a sus consumidores.
También creo que la automatización de los procesos industriales podría provocar un fenómeno interesante. Conforme resulte más sencillo fabricar grandes cantidades de productos estandarizados, algunos consumidores podrían comenzar a valorar todavía más los artículos artesanales, personalizados o elaborados mediante procesos tradicionales.
Durante décadas, buena parte de la industria se concentró en producir grandes volúmenes al menor costo posible. Esa necesidad no va a desaparecer, pero tampoco todos los consumidores buscan lo más barato. Hay quienes están dispuestos a pagar más por un producto diferente, por su calidad, por su historia o simplemente porque les gusta.
Tecnología moderna al alcance de negocios sencillos
Desde mi perspectiva, uno de los mayores retos para emprender en el comercio está en seleccionar correctamente los productos.
Hace veinte o treinta años, abrir un negocio implicaba enfrentar barreras comerciales importantes. Conseguir un local, atraer compradores, invertir en publicidad y desarrollar canales de distribución podía requerir cantidades considerables de dinero.
Hoy tenemos Facebook, Instagram, TikTok, Mercado Libre, Amazon y numerosas herramientas para crear tiendas en línea, procesar pagos, administrar inventarios y coordinar entregas. Incluso podemos utilizar inteligencia artificial para atender clientes, generar publicidad, analizar tendencias de consumo y automatizar parte de la operación.
Esto no significa que vender sea sencillo. La competencia es enorme, los costos de publicidad pueden ser elevados y una mala administración de inventarios o de márgenes puede terminar rápidamente con cualquier negocio.
Pero una pequeña empresa tiene posibilidades de llegar a consumidores que hace algunos años habrían sido prácticamente inaccesibles.
Tampoco descartaría los negocios físicos tradicionales. Una tienda especializada, ubicada en el lugar correcto y con productos bien seleccionados, puede seguir siendo rentable. No todos los consumidores quieren comprar todo por internet y existen productos en los que la experiencia de visitar una tienda continúa siendo importante.
Lo que me parece interesante es la posibilidad de combinar una actividad comercial tradicional con las herramientas tecnológicas actuales. Una empresa pequeña puede utilizar sistemas de administración, automatización e inteligencia artificial que anteriormente solamente estaban al alcance de organizaciones mucho más grandes.
Y quizá ahí exista una oportunidad importante para los próximos años: utilizar tecnología avanzada para desarrollar negocios que, en esencia, siguen siendo bastante sencillos.
Por supuesto, el comercio también enfrenta riesgos. Los márgenes pueden ser reducidos, existen problemas logísticos, competencia internacional, cambios en los hábitos de consumo y productos que rápidamente pierden vigencia. No estoy diciendo que sea más fácil vender zapatos que prestar servicios contables. Son negocios distintos, con riesgos y necesidades de capital diferentes.
Lo que me parece atractivo es que la necesidad de adquirir bienes físicos seguirá existiendo, independientemente de cuánto avance la inteligencia artificial.
Cómo transformar el futuro del despacho contable hacia la estrategia
En mi caso, esto tampoco significa que tenga pensado cerrar mi despacho contable. Después de tantos años en la profesión, sigo encontrando oportunidades importantes en la asesoría fiscal, financiera y empresarial. Pero también tengo claro que el modelo de negocio tendrá que evolucionar.
El despacho contable que dependa exclusivamente de procesar información, registrar operaciones y presentar declaraciones probablemente enfrentarán una presión creciente sobre sus honorarios. Tendremos que concentrarnos cada vez más en el análisis, la estrategia, la solución de problemas y el acompañamiento de nuestros clientes.
Al mismo tiempo, considero que los empresarios y profesionistas deberíamos mantener una visión más amplia sobre las oportunidades que están apareciendo en otros sectores.
Llevamos varios años escuchando que el futuro está en la tecnología y seguramente seguirá siendo uno de los principales motores de transformación económica. Sin embargo, aprovechar la tecnología no necesariamente significa dedicarse a desarrollar software o vender servicios tecnológicos.
También podemos utilizarla para comercializar alimentos, ropa, artículos para el hogar, productos artesanales o prácticamente cualquier mercancía para la que exista un mercado.
Después de aquella conversación, me quedó la inquietud de explorar negocios que quizá no sean particularmente novedosos, pero que puedan aprovechar las herramientas actuales para operar de manera más eficiente y llegar a nuevos consumidores.
Tal vez estamos tan concentrados en encontrar el próximo gran negocio tecnológico que estamos dejando de observar oportunidades en actividades que han existido durante siglos.
La tecnología cambiará la manera en que producimos, administramos y vendemos. Pero las personas seguirán teniendo necesidades, gustos y deseos, y siempre habrá oportunidades para quienes sepan atenderlos.
Quizá los negocios del futuro tengan mucho más en común con los negocios del pasado de lo que imaginamos.
- Contador Público egresado de la Universidad del Valle de Atemajac, con más de 14 años de experiencia como Auditor Externo, Asesor Fiscal y
- Contralor Financiero en firmas BIG 4 y empresas transnacionales en giros de manufactura, comercialización, desarrollo de software, hotelería entre otros.
- Se desempeña como socio fundador de la firma de asesoría integral Tax ID, donde se atienden clientes extranjeros y nacionales de diferentes tipos de industrias.
Correo Electrónico: contacto@taxid.mx