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La tributación de las criptomonedas y otros criptoactivos en México (parte 2)



Tal y como se indica en un artículo previo, esta exposición sobre la tributación de las criptomonedas y otros criptoactivos en México comprende cuatro partes sucesivas, en donde el objetivo es facilitar la mejor comprensión del tema central al exponer los aspectos básicos y conceptuales relacionados con aquellos.

La primera parte, la cual recomendamos consultar con antelación, aborda los aspectos general de las criptomonedas, el origen de las criptomonedas, las principales criptomonedas y los aspectos legales a considerar en un análisis de posibles efectos tributarios de las criptomonedas y los criptoactivos.

Por ahora, en esta segunda parte, comentaremos sobre los aspectos de tecnología y de conceptos empleados en la jerga de las criptomonedas y los criptoactivos, cuestiones fundamentales para entender el tema central de la tributación de aquellos.

Finalmente, en una tercera y cuarta partes posteriores, trataremos respectivamente sobre los aspectos legales y tributarios en México de las criptomonedas y los criptoactivos.

Aspectos tecnológicos y conceptos relacionados con los criptoactivos

Para tener una mejor idea sobre el cómo funcionan los criptoactivos y la naturaleza de los mismos es necesario comprender al menos el cómo funcionan las actividades de creación, almacenamiento y disposición relacionadas con ellas, así como los conceptos de “payment tokens”, “utility tokens”, “security tokens”, “airdrops”, “initial coing offering” o ICO, minado (“mining”), “forging”, “walllets”, “hard forks”, “soft forks” y “stable coins”.

Los criptoactivos se caracterizan por basar sus protocolos en tecnologías de libros de cuentas distribuidos en nodos descentralizados y respaldados por algún tipo de sistema de validación de los registros y los cambios en los mismos, de los cuales el  sistema de validación más empleado, aunque no el único, es el sistema de validación basado en la resolución de ecuaciones matemáticas (“proof of work systems”), generalmente complicadas de resolver, pero sencillas de verificar una vez resueltas.

Existen distintos términos que se emplean para referirse a las criptomonedas, tales como los de monedas virtuales, monedas digitales, dinero virtual, dinero digital, criptodivisas, activos virtuales, criptoactivos, activos financieros digitales y activos digitales, entre otros, de los cuales dependiendo de la legislación de cada país pueden existir ciertas distinciones entre ellos.

En el caso del bitcoin como criptomoneda, aquél es un valor puramente virtual en un estricto sentido, pues no cuenta con el “respaldo” de algún gobierno o banco central, aunque existen también las criptomonedas llamadas “stable coins” cuyo valor está indexado al valor de alguna moneda fiduciaria de algún país, o incluso indexadas a carteras de divisas o de commodities como subyacentes. En teoría, los “stable coins” suelen ser menos volátiles en cuanto a valor de mercado que las criptomonedas no vinculadas a un subyacente.

En un sentido estricto, debe distinguirse entre criptoactivos y criptomonedas, en donde los primeros representarían el género y las segundas la especie, en tanto las criptomonedas son criptoactivos que representan un valor generalmente monetario.

Asimismo, el concepto de criptoactivos incluye otras categorías como es el caso de las fichas de valor o tokens: “payment tokens”, “utility tokens”, “security tokens”.

Los “payment tokens” o tokens de pago basados en la tecnología de libros de cuentas distribuidos, se enfocan en servir como una unidad de valor y como un medio de pago. Los “payment tokens” pueden estar referidos a divisas tradicionales o a criptomonedas, entre algunas de sus posibilidades.

Los “utility tokens” son similares en funcionamiento a los “payment tokens”, pero a diferencia de estos no representan valores monetarios en sí, sino valores de servicios a utilizar, por ejemplo, la entrada a un parque de diversiones y a los distintos juegos de él.

Los “security tokens” representan participaciones o intereses económicos directos o participaciones en un proyecto (“venture”) o en una entidad, es decir, representan los derechos de los inversores sobre un activo.

Las tecnologías actuales, entre ellas las de cadenas de bloques, permiten prácticamente que cualquier activo sea “tokenizado” en un libro de cuentas digital y con ello tornado en un activo líquido. Por ejemplo, el propietario de una obra de arte valiosa podría tokenizarla y vender así participaciones y derechos sobre ella entre distintos inversores. Posibilidades como la mencionada, provocarán que el concepto tradicional de propiedad que conocemos actualmente llegue a evolucionar de formas insospechadas en el tiempo presente.

Ahora bien, existen diversos eventos relacionados con la creación o puesta en circulación de criptomonedas y en general de criptoactivos:

Bolos (“Airdrops”): un bolo o “airdrop” es una distribución de criptoactivos sin compensación o llevada a cabo gratuitamente, generalmente para dar a conocer un nuevo criptoactivo, en especial entre mineros y usuarios potenciales, así como entre “influencers”, y para incrementar la liquidez en las etapas iniciales de un nuevo proyecto.

Oferta inicial de monedas (“Initial coing offering” o ICO): también conocidos como oferta inicial de tokens (“initial token offering o ITO), son eventos de recaudación de fondos en donde se venden por adelantado tokens. A diferencia de las ventas de participaciones, este tipo de tokens no confieren derechos de propiedad sino que son unidades digitales de una obligación (“entitlement”). Las ICO están regulados por un contrato inteligente, es decir, por programas informáticos que facilitan, aseguran, hacen cumplir y ejecutan acuerdos entre dos o más partes. Los inversores suelen adquirir tokens ofrecidos en las ICO cuando tienen expectativas de que el proyecto será exitoso y en consecuencia habrá un alza posterior del valor del token, algo que guarda similitudes con las ofertas de acciones en empresas de reciente creación. De este modo, quienes requieren de recursos para un proyecto evitan por ejemplo el acudir con un banco o con una empresa de capital de riesgo para financiarse.

Minado (“mining”): para hacer posible el intercambio y la transferencia de criptomonedas de un usuario a otro, así como la verificación de las transacciones, se requieren procesos vinculados con algunos protocolos basados en los libros de cuentas descentralizados (registro de transacciones). Generalmente esto requiere de procesos de cómputo para resolver ecuaciones matemáticas complejas, mismas que se van tornando más y más complejas conforme se va incrementando la cantidad de criptomonedas de un tipo en circulación. Por ende, se requiere disponer de equipos sofisticados con gran poder de cómputo y de contar con la capacidad financiera de asumir un alto costo de consumo energético de tales equipos.

A efectos de atraer a personas (mineros) que estén dispuestas a aportar sus equipos y poder de cómputo para operar como parte de los nodos descentralizados requeridos y hacer posible el funcionamiento de un sistema de una criptomoneda, un sistema puede ser diseñado para incluir un protocolo de “honorarios” de transacciones y otorgar así incentivos o premios en la forma de criptomonedas a la persona que resuelva primero las ecuaciones matemáticas necesarias para dicho funcionamiento. Es decir, el sistema opera gracias a los recursos aportados por los distintos nodos descentralizados y va premiándolos con nuevas criptomonedas en la medida en que dichos nodos colaboren directamente al funcionamiento efectivo de aquél a través de la ejecución y validación efectiva de las transacciones.

El minado de criptomonedas consiste precisamente en ese acto de premiación a los mineros, acto en donde se crean a la vez criptomonedas que se suman a las que ya están en circulación, es decir, los eventos de minado, validación (resolución de la ecuación), creación y asignación inicial de criptomonedas están totalmente ligados entre sí.

Es común que los mineros colaboren entre sí en grupos con el propósito de disponer de mayor poder de computo para minar criptomonedas, en donde el reparto de las criptomonedas creadas se suele realizar en proporción al poder de cómputo aportado por cada uno de ellos. Debido a los altos costos de energía que supone la minería de criptomonedas, en el caso del bitcoin, en la actualidad, la mayor parte de los mineros se encuentran en China, país en donde los costos de consumo de energía suelen ser más bajos que los de otros países.

Forja (“Forging”): en la forja el sistema asigna los premios (las criptomonedas a crear) de acuerdo a participaciones definidas de los derechos de validación de las transacciones, los cuales se otorgan a su vez de acuerdo a los derechos de los validadores sobre las cadenas de bloques. En este sistema, los validadores no se designan como mineros sino como forjadores (”forgers”) o socios (“stakers”). Por tanto, no se requiere de la resolución de ecuaciones matemáticas complejas para verificar la transacción, lo que desde el punto de vista del consumo de energía torna el proceso de validación en algo mucho más eficiente que el del minado.

Asignaciones por consenso: los premios por la validación de las transacciones también puede operar mediante mecanismos de consenso, en donde los propietarios de los criptoactivos pueden votar a quien desean designar como validador en función de la reputación que perciban de un validador concreto. Si en un momento dado un validador pierde esa reputación no les será permitido nunca más realizar esa función.

Es importante mencionar que los protocolos de las criptomonedas suelen incluir una oferta limitada y finita máxima fijada de antemano. Por ejemplo, el bitcoin tiene un crecimiento gradual y un límite máximo fijado de 21 millones de unidades, de manera que una vez alcanzado ese límite no será posible crear nuevos bitcoins. Actualmente, la oferta de bitcoins en circulación supera los 18 millones de unidades.

Por su parte, el almacenaje de criptomonedas y otros criptoactivos se realiza en los llamados monederos (“wallets”).

Un monedero de criptoactivos es una zona, ya sea digital o física, donde se almacenan claves privadas. ¿Pero en qué consisten dichas claves privadas?

Los libros de cuentas de un sistema de criptoactivos más que asociar la propiedad de estos con personas la asocian con direcciones únicas e irrepetibles que fungen como llaves públicas, y a las cuales el propio sistema relaciona matemáticamente con claves privadas que se generan al iniciar una cartera.

Es posible crear tantas direcciones como un usuario lo desee, y cada una de ellas estará relacionada con un saldo en el libro de cuentas descentralizado Entonces la función de las cadenas de bloques del sistema consiste en el registro y la confirmación de los cambios de propiedad de los criptoactivos de una dirección a otra.

En otras palabras, cuando un usuario transfiere a otro un criptoactivo es como si lo colocara en una caja fuerte virtual que nadie más podrá abrir, salvo quien disponga de la llave privada en el destino. Desde luego en la práctica existe la posibilidad de una transferencia directa y fuera del sistema de las llaves privadas, ya sea de forma voluntaria o por robo o acceso indebido a las mismas. De ahí la necesidad de resguardar adecuadamente dichas claves privadas.

Entonces, cuando hablamos de la propiedad de criptoactivos y por tanto de la propiedad de sus valores o derechos asociados, en realidad hablamos de la propiedad de ciertas claves privadas capaces de gestionar las direcciones a las cuales el libro de cuentas del criptoactivo en cuestión atribuye o asocia determinada cantidad de criptoactivos y capaces de transferirlos de una dirección a otra mediante encriptado, de forma tal que sólo el destinatario pueda recibirlos en su cartera con el uso de sus llaves privadas.

Existen distintos tipos de monederos para el resguardo de las llaves privadas, como pueden ser en un papel con la clave impresa, en un dispositivo físico ya sea opere en línea o fuera de línea, o mediante monederos de tipo software. En este último tipo de monederos los hay completos (“full wallets”), que son aquéllos que contienen toda la cadena de bloques de la criptomoneda, con lo cual también se tornan en nodos de la red (más no en mineros); y los hay ligeros (“light wallets”), mismos que almacenan las claves privadas, pero no toda la cadena de bloques.

Hay monederos gratuitos que se pueden obtener en Internet, siendo los monederos de código de abierto los más apreciados por motivos de seguridad (al ser verificables y auditables sus códigos), pero hay otros monederos de paga que ofrecen empresas privadas mediante software que en teoría añade mayor seguridad contra el robo y contra el acceso no autorizado de las claves privadas.

En cuanto, a la disposición de las criptomonedas y otros criptoactivos, incluyendo su transferencia o su intercambio, estos eventos se pueden llevar a cabo por tantos motivos como deseos y necesidades de los usuarios pueden existir, pero se pueden realizar ya sea mediante sitios en línea que ofrecen el servicio de intercambio de criptoactivos (“virtual currency exchanges”) o fuera de línea en “mostrador” (“over the counter”), en donde el trato puede ser de usuario a usuario o mediante un bróker o intermediario.

Cabe señalar que las criptomonedas y otros criptoactivos pueden evolucionar con el tiempo e incluso tener bifurcaciones catalogadas como “hard forks” y “soft forks”.

Las bifurcaciones duras (“hard forks”) son cambios en el código del protocolo de un criptoactivo para crear una nueva versión de cadenas de bloques junto a la antigua versión, con lo cual se crean nuevos criptoactivos que operan conforme las reglas del protocolo enmendado, mientras los criptoactivos originales continúan operando conforme al protocolo original.

En cambio, las bifurcaciones suaves (“soft forks”) aunque también implican cambios al protocolo, tales cambios son con la intención de ser aceptados como parte del protocolo por todos los usuarios y de no tener que crear así un nuevo criptoactivo.

Una vez comentada la parte tecnológica del tema, en el artículo siguiente continuaremos con el análisis de los aspectos legales generales de las criptomonedas y otros criptoactivos en México.

 
 

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