Durante mucho tiempo sostuve que la inteligencia artificial no representaba una amenaza real para los empleos en contabilidad, finanzas e impuestos. Hace apenas unos meses escribí un artículo donde defendía esa postura: a mayor demanda de información, mayor necesidad de trabajo humano.
La lógica era sencilla. Si las empresas requieren más información, más rápido y con mayor profundidad, entonces necesariamente se necesitarían más personas para producirla, revisarla y analizarla.
Usaba ejemplos históricos. Cuando comencé a trabajar, conviví con personas que habían hecho contabilidad sin computadoras. Cuando estas llegaron al mercado, el miedo fue inmediato: ya no habrá nada que hacer. No ocurrió así. Posteriormente llegaron los ERP y el discurso se repitió. Lejos de reducir personal, en muchos casos se contrató más gente porque los sistemas eran complejos, requerían parametrización, control, supervisión y análisis. La tecnología no eliminó el trabajo, lo transformó.
Sin embargo, hace unos días, conversando con colegas, apareció un punto de quiebre. Hablamos de una aplicación llamada Lovable AI, que entre otras funciones permite crear aplicaciones y páginas web en cuestión de minutos. No como un concepto teórico, sino como algo que ya funciona. En menos de un minuto se puede crear, por ejemplo, una aplicación con un checklist contable y fiscal, con obligaciones, fechas de entrega y alertas automáticas. Esto me obligó a replantear seriamente mi posición.
El impacto real de la inteligencia artificial en los puestos contables
Por primera vez empiezo a pensar que sí hay puestos de trabajo en peligro. En una primera etapa, capturistas y analistas básicos. Posteriormente, puestos medios y perfiles de análisis general. Los perfiles altamente especializados, expertos fiscales y legales, probablemente sobrevivan más tiempo, pero el impacto ya es visible.
Si observamos con frialdad el flujo contable y fiscal actual, gran parte del proceso ya está estandarizado y estructurado. En México llevamos trabajando con XML para efectos fiscales desde aproximadamente 2010. Hoy ya existen contabilizadores automáticos y sistemas capaces de interpretar grandes volúmenes de información.
No es difícil imaginar ,o incluso aceptar que ya existe, una aplicación que registre pagos y cobranza a partir de documentos como complementos de pago, que concilie contra PDFs bancarios y proponga ajustes automáticos. Bajamos XML, se provisionan de acuerdo con RFC y código de producto.
Los cobros y pagos se registran con base en PUE y complementos. Las compras se concilian contra el estado de cuenta bancario. El sistema propone ajustes, por ejemplo, cargos de plataformas como Facebook que no generan XML. Se cargan pedimentos y se registran inventarios, cuentas de gasto y costos. Al final, quedan pocas o ninguna partida en conciliación.
Posteriormente, se carga la balanza en un modelo de inteligencia artificial, se solicita un análisis de detección de errores y el reporte se regresa a la aplicación para su corrección. Para los cálculos de impuestos, se carga la ley, se definen catálogos de cuentas bien estructurados y reglas claras, y el sistema puede realizar pagos provisionales de forma consistente. La intervención humana existe, pero es mínima: definir reglas, analizar errores complejos y ajustar procesos para que no se repitan en el siguiente mes.
En este escenario, los sistemas interactúan entre sí utilizando información estructurada. Máquinas compitiendo contra máquinas. Y esto no es un escenario futurista. Es algo que se está formando ahora.
Entonces surge la pregunta incómoda: ¿los despachos pequeños y medianos estamos a unos años de desaparecer? No necesariamente, pero sí estamos frente al fin de un modelo tradicional de despacho. Resistirse a la automatización es una estrategia perdedora. La verdadera pregunta es qué servicios seguirán siendo relevantes y cuáles dejarán de tener sentido.
Si aceptamos que la captura, el registro mecánico y el análisis básico tienden a desaparecer, entonces sobrevivirán los servicios que requieren juicio profesional, criterio, responsabilidad legal y entendimiento del negocio.
Uno de ellos es la interpretación y toma de decisiones. Los sistemas pueden generar información, pero no asumen consecuencias. La interpretación fiscal, contable y financiera implica riesgo, contexto y experiencia. Decidir si algo es deducible, cómo estructurar una operación o cuándo asumir un riesgo sigue siendo una función humana. La inteligencia artificial puede sugerir, pero no firma.
Otro servicio que sobrevivirá es la planeación fiscal y financiera. No el cálculo del impuesto, sino la estrategia. Cómo estructurar ingresos, gastos, inversiones, financiamientos y crecimiento. La planeación requiere entender el negocio, su industria y sus objetivos. Eso no está en los XML ni en la balanza.
También seguirá siendo clave la defensa y representación ante la autoridad. Cartas opinión, atención de requerimientos, revisiones electrónicas, auditorías y controversias fiscales requieren conocimiento técnico, experiencia y capacidad de argumentación. La autoridad no discute con sistemas, discute con personas.
Un área que incluso crecerá es el diseño de sistemas, reglas y controles. Aunque la ejecución sea automatizada, alguien debe definir catálogos de cuentas, reglas de contabilización, flujos de validación, controles internos y excepciones. El contador deja de ser operador y se convierte en arquitecto del sistema.
El análisis financiero con enfoque de negocio seguirá siendo indispensable. No reportes genéricos, sino lectura real de estados financieros, detección de riesgos, análisis de márgenes, flujos de efectivo y rentabilidad por línea de negocio. La información la puede generar una máquina, pero la interpretación estratégica sigue siendo humana.
Comentario final
Finalmente, sobrevivirá la asesoría integral y el acompañamiento. Muchos empresarios no buscan solo números, buscan a alguien que les explique, les traduzca la información y los ayude a decidir. La confianza, la comunicación y el entendimiento del negocio no se automatizan fácilmente.
El despacho contable que sobreviva no será el que más capture, sino el que mejor entienda la tecnología y se apoye en ella para generar valor. La inteligencia artificial no elimina al contador, elimina al contador que no evoluciona.
Mi recomendación es clara. Capacitación constante, apertura a nuevas herramientas y, sobre todo, entender hacia dónde van los cambios. No para tener miedo, sino para decidir conscientemente en qué parte de la cadena de valor queremos estar en los próximos años.
- Contador Público egresado de la Universidad del Valle de Atemajac, con más de 14 años de experiencia como Auditor Externo, Asesor Fiscal y
- Contralor Financiero en firmas BIG 4 y empresas transnacionales en giros de manufactura, comercialización, desarrollo de software, hotelería entre otros.
- Se desempeña como socio fundador de la firma de asesoría integral Tax ID, donde se atienden clientes extranjeros y nacionales de diferentes tipos de industrias.
Correo Electrónico: contacto@taxid.mx
Gracias por esta reflexión es muy interesante , hay personas que venimos de generaciones anteriores y quienes hoy tenemos edad entre 50 años en adelante , nos cuesta entender al 100 la tecnología, sobre todo la IA, aún en estos tiempos nos quedan dudas y me gusta tu reflexión, me ayuda a aceptar que «tenemos que fluir sin temor » la IA vino a ayudarnos a ser más rápidos sin olvidar que debemos seguir capacitándonos , Gracias
EN CONSECUENCIA CUALES SON LOS CURSOS QUE OFRECEN PARA ACTUALIZARSE EN IA APLICADA A LA CONTA
BILIDAD?
QUEDO EN ESPERA DE SUS CURSOS
Excelente artículo, muy completo y actual, gracias.