El debate sobre la inteligencia artificial y el futuro del profesionista suele concentrarse en la velocidad vertiginosa de los modelos de lenguaje, el lanzamiento de nuevos agentes autónomos y el temor recurrente a la sustitución laboral. Sin embargo, detrás del entusiasmo tecnológico existen cuestionamientos financieros y operativos que pocas veces se discuten abiertamente: ¿cuánto tiempo más mantendrán los fondos de inversión este ritmo de gasto multimillonario y qué sucederá cuando la rentabilidad exija cobrar el costo real de estas herramientas?
Todos los días escuchamos algo nuevo sobre inteligencia artificial. Que salió una nueva versión de ChatGPT, que Claude ahora puede hacer determinadas tareas, que una multinacional ya implementó alguna herramienta, que los agentes de IA van a sustituir empleos, etc.
La mayoría de las conversaciones giran alrededor de lo que estas herramientas pueden hacer y qué tan rápido están avanzando, pero hay un par de cuestiones que me generan dudas y de las que no escucho hablar tanto.
La primera es cuánto tiempo más estarán dispuestos los inversionistas a financiar esta carrera tecnológica y la segunda es qué tanto podrá seguir avanzando la inteligencia artificial después de 2030.
El costo de la carrera tecnológica y la rentabilidad de la inteligencia artificial
No soy especialista en tecnología, pero desde el punto de vista empresarial me cuesta trabajo pensar que el ritmo actual pueda mantenerse indefinidamente.
Estamos hablando de inversiones enormes en centros de datos, procesadores, energía, investigación y desarrollo. Empresas compitiendo por tener el mejor modelo, atraer usuarios y ganar mercado, muchas veces ofreciendo herramientas gratuitas o a precios que me pregunto si realmente alcanzan para cubrir todos los costos que implica desarrollarlas.
Tarde o temprano los inversionistas van a querer recuperar su dinero y obtener utilidades. No creo que estén dispuestos a financiar indefinidamente esta competencia.
¿Estamos frente a una burbuja?
No lo descartaría. Y no estoy diciendo que la inteligencia artificial vaya a desaparecer. Recordemos lo que sucedió con las empresas de internet a principios de los años 2000. Internet siguió creciendo, pero muchísimas empresas desaparecieron y unas cuantas terminaron dominando el mercado.
Mi impresión es que hacia finales de esta década y principios de la siguiente las empresas de IA tendrán que concentrarse mucho más en ser rentables. Eso podría significar incrementos importantes en sus precios, menos herramientas gratuitas y una mayor especialización en sectores donde realmente existan clientes dispuestos a pagar por estos servicios.
Tal vez veamos menos herramientas que prometen hacer absolutamente todo y más soluciones especializadas en medicina, derecho, contabilidad, finanzas y otras industrias.
También creo que podríamos ver una desaceleración en la cantidad de nuevas empresas y proyectos relacionados con IA. No necesariamente porque la tecnología deje de avanzar, sino porque llegará un momento en el que no será suficiente decir que un negocio utiliza inteligencia artificial para conseguir financiamiento.
Las empresas más grandes tienen recursos para invertir cantidades enormes en tecnología, automatizar procesos, reducir personal y operar de manera mucho más eficiente. Una pequeña empresa difícilmente podrá competir con esos niveles de inversión.
Esto podría terminar fortaleciendo todavía más a las grandes corporaciones, incrementando sus utilidades y desplazando a competidores más pequeños. Una vez más, los ricos haciéndose más ricos y los pobres más pobres.
Claro que también hay oportunidades para los pequeños negocios. Hoy podemos hacer cosas que hace unos años requerían contratar equipos completos de personas. Pero habrá que ver cuánto terminan costando estas herramientas y quiénes controlan el mercado.
También tengo la impresión de que después de 2030 una parte cada vez mayor de los recursos se dirigirá hacia aplicaciones militares, inteligencia y seguridad nacional. Los gobiernos tienen intereses distintos a los de las empresas privadas y están dispuestos a invertir enormes cantidades de dinero en tecnologías que consideren estratégicas, aunque no generen utilidades comerciales.
Pero bueno, todo esto son especulaciones sobre lo que podría suceder en los próximos años. Hay algo que sí tenemos que resolver desde ahora.
El reto de los profesionistas ante el avance de la inteligencia artificial
¿Qué hacemos nosotros los profesionistas?
Los que tenemos que seguir trabajando, conseguir clientes, pagar nóminas y competir en un mercado donde cada vez hay más herramientas capaces de realizar actividades que antes hacíamos nosotros.
Creo que lo primero es aceptar que no tiene mucho sentido competir contra la inteligencia artificial en velocidad y procesamiento de información.
No vamos a poder leer un informe de 200 páginas en menos de un minuto, revisar miles de operaciones contables o comparar cientos de documentos a la velocidad que lo hace una máquina. Por más que estudiemos y nos preparemos, no vamos a ganar esa competencia.
Debemos concentrarnos mucho más en desarrollar nuestro pensamiento crítico, nuestro criterio profesional y las habilidades que utilizamos para relacionarnos con otras personas.
No me refiero solamente a aprender a utilizar ChatGPT, escribir mejores prompts o conocer la última herramienta que salió al mercado. Todo eso es importante y debemos hacerlo, pero creo que nuestra preparación tiene que ir mucho más allá.
Tenemos que aprender a cuestionar la información que recibimos, identificar problemas, entender los negocios y tomar decisiones.
La experiencia profesional no consiste solamente en conocer leyes, procedimientos o metodologías. También se construye enfrentando problemas, cometiendo errores, negociando con clientes, tratando con empleados y proveedores, y entendiendo que las cosas no siempre funcionan como dicen los libros.
Por ejemplo, podemos tener tres alternativas fiscales perfectamente legales para resolver una situación, pero eso no significa que las tres sean convenientes para el cliente. Hay que conocer su negocio, sus objetivos, qué riesgos está dispuesto a asumir y hasta su situación personal antes de recomendarle alguna.
Empatía, negociación, liderazgo, comunicación, creatividad, resolución de conflictos, capacidad para enseñar, transmitir conocimientos y entender las necesidades de otras personas.
En los negocios no todo son números. La confianza, las relaciones personales, las emociones, la reputación y las expectativas influyen muchísimo en las decisiones. Una alternativa puede ser la más rentable financieramente y aun así no ser la mejor para determinada persona o empresa.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a analizar información y plantear escenarios, pero nosotros tenemos que entender lo que hay detrás de esos números y decidir qué hacer.
El impacto de la inteligencia artificial en la práctica contable
Pensemos, por ejemplo, en nuestra profesión contable.
Durante mucho tiempo hemos dedicado una parte importante de nuestro trabajo a capturar información, elaborar conciliaciones, calcular impuestos y preparar estados financieros. Muchas de estas actividades ya se están automatizando y otras seguramente lo harán en los próximos años.
Y aquí hay algo que debemos aceptar: si una herramienta puede hacer en minutos un trabajo que antes nos tomaba varias horas, difícilmente podremos seguir cobrando lo mismo por realizarlo. Entonces tendremos que encontrar otras formas de generar valor para nuestros clientes.
Entender por qué una empresa está perdiendo dinero, identificar riesgos, proponer cambios en sus operaciones, evaluar alternativas fiscales o financieras y acompañar a los empresarios en sus decisiones.
También supervisar que la información sea correcta. Una herramienta puede revisar miles de registros contables, pero eso no significa que las operaciones realmente hayan existido, que estén correctamente documentadas o que los estados financieros reflejen lo que está sucediendo en la empresa.
No olvidemos que la inteligencia artificial también se equivoca.
Por eso no comparto la idea de que ya no será necesario estudiar o tener conocimientos técnicos. Al contrario, si no entendemos lo que estamos revisando, ¿cómo vamos a saber si una recomendación es correcta?
Creo que el conocimiento seguirá siendo indispensable, pero tendremos que aprender a utilizarlo de otra manera.
En lugar de dedicar tantas horas a procesar información, podremos dedicar más tiempo a analizarla, cuestionarla y utilizarla para tomar decisiones.
Y esto no aplica solamente a los contadores. Creo que prácticamente todas las profesiones tendrán que pasar por un proceso similar.
Cómo integrar la inteligencia artificial sin perder el criterio profesional
También tendremos que aprender a desarrollar nuevos servicios. Si nuestros clientes pueden resolver por su cuenta actividades por las que antes nos pagaban, tendremos que encontrar otras necesidades que podamos atender. No podemos esperar que nos sigan pagando por hacer lo mismo de siempre.
No sé qué tan avanzada estará la inteligencia artificial en 2030 ni qué herramientas seguiremos utilizando para entonces. Tal vez muchas de las que hoy nos impresionan ya ni siquiera existan.
Lo que sí creo es que no debemos obsesionarnos con aprender cada nueva herramienta que aparece y descuidar nuestra propia formación.
Comentario final
Hay que aprender a utilizar la tecnología, por supuesto, pero también a dirigir personas, negociar, enseñar, comunicarnos, entender los problemas de nuestros clientes y tomar decisiones.
Al final, creo que el futuro del profesionista, cuando menos en el corto y mediano plazo, estará en combinar sus conocimientos y experiencia con las capacidades de la inteligencia artificial.
No necesitamos competir con una máquina para ver quién procesa más información. Necesitamos saber qué hacer con esa información. Y sobre todo, no perder la capacidad de pensar por nosotros mismos.
- Contador Público egresado de la Universidad del Valle de Atemajac, con más de 14 años de experiencia como Auditor Externo, Asesor Fiscal y
- Contralor Financiero en firmas BIG 4 y empresas transnacionales en giros de manufactura, comercialización, desarrollo de software, hotelería entre otros.
- Se desempeña como socio fundador de la firma de asesoría integral Tax ID, donde se atienden clientes extranjeros y nacionales de diferentes tipos de industrias.
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