Ética en los negocios para asegurar la continuidad de la empresa



La ética define a una gran parte de nuestra personalidad, es la que determina nuestra conducta, principios y valores morales. Sin embargo, esta palabra es sumamente compleja, ya que lo que puede ser “bueno o malo” para una persona, lo es de forma diferente para otra.

Lo que es correcto es correcto, aunque nadie lo esté haciendo; lo que es incorrecto es incorrecto, aunque todo el mundo lo esté haciendo.

Establecer valores y ética en una empresa puede parecer el último peldaño a establecer. Sin embargo, su importancia es tal que es la base sobre la que descansan las decisiones estratégicas, trato con socios comerciales, empleados y clientes. Contar con códigos de conducta sólidos, es una forma más de garantizar la salud de un negocio y evitar posibles nubarrones que no se deriven de falta de administración o comunicación interna.

“Al estar compuestas por personas, las empresas están expuestas al riesgo inherente de la tentación y avaricia humana”.

Para ejemplificar esto, nuevamente recurro al sonado caso de compañía energética Enron, una de las más importantes en Estados Unidos y con presencia en 40 países. A inicios del año 2001 reportó ganancias por más de mil millones de dólares —toda una fortuna—. Sin embargo, el 2 de diciembre del mismo año se declaró en bancarrota. ¿Qué fue lo que ocurrió? Todo se reduce a malas prácticas contables, la pobre auditoría de la firma Arthur Andersen y la falta de transparencia entre ejecutivos y la junta directiva.

Cuando la ética salva negocios

La ética en los negocios es un tema particularmente delicado, ya que la falta de ésta puede derivar en corrupción y fraude. Al estar compuestas por personas, las empresas están expuestas al riesgo inherente de la tentación y avaricia humana. Razones por las que las empresas, familiares o no, pueden sufrir pérdidas monetarias o incluso caer en bancarrota; un peligro latente que, aunque no se puede eliminar, es posible minimizar. Esto se puede lograr por medio de fuertes controles internos y procesos de reclutamiento que, además de los conocimientos, también contemplen la ética e integridad de los candidatos.

Sin embargo, aun implementando estas medidas, la amenaza es una constante, por lo que existe otra forma de protección: las auditorías internas. Dichos instrumentos detectan riesgos y áreas de oportunidad para la empresa, y se basan en la aplicación de métodos que miden posibles “focos rojos” que afecten las operaciones, procedimientos o, incluso, los malos manejos en el área de contabilidad. Estas auditorías pueden ser de gran ayuda a la empresa para mejorar su rendimiento y anticiparse a posibles pérdidas; siempre y cuando se sigan las recomendaciones del auditor.

Retomo nuevamente los casos de Enron y la firma Arthur Andersen es explicativo debido a que las auditorías internas y externas no son garantía de transparencia. La firma consultora sucumbió a las presiones de ejecutivos y pasó por alto prácticas contables riesgosas; el final ya lo conocemos. Por lo que el escepticismo profesional nunca está de más. En las palabras de Horowitz, “quienquiera que confíe en sus empleados ciegamente paga a veces un precio muy alto”. 

Valores fuertes, profesionales honestos

No es ningún secreto que la semilla de la ética comienza con la educación básica en el hogar y termina por germinar en las diversas áreas de una persona. Es decir, si una persona se rige con honestidad y ética en su vida, se puede esperar lo mismo en su profesión y empresa.

Mientras que el tema de la ética es complejo y abarca muchas aristas, esta toma otra dimensión en México. Un país sumido en problemas de corrupción, la única salida es una educación fuerte que impregna a la familia, negocios, profesión, cumplimiento de leyes y estatutos, así como establecer un sentido de comunidad. Todo esto se reduce a la frase de Potter Stewart, “La ética es saber la diferencia entre lo que tienes derecho de hacer y lo que es correcto hacer”. 

Como bien lo dijo el Rey Salomón, “debemos darnos cuenta de que la moral es el principio rector individual más importante detrás de todo lo que hacemos o decimos”, incluyendo nuestro trabajo. Somos éticos no sólo en nuestra faceta personal, familiar y estudiantil, sino también en nuestra dimensión profesional y empresarial.

Aunque hacer lo correcto sea más complicado, solo así se garantiza la vida de un negocio.

 
 

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