¿Cómo saber la fortaleza de una empresa?


La eficiencia, capacidad y habilidad no lo son todo en el mundo de los negocios. La consolidación de una empresa se encuentra apuntalada por los principios que guían su misión: las valores.

¿Qué sostiene a una casa? La respuesta es sencilla: los cimientos. Y mientras más fuertes, la edificación cuenta con un mejor soporte. Aunque no sea física, esta lógica aplica a cualquier clase de estructura. Sí, también a la empresarial.

En el negocio familiar, el soporte se ubica en los valores que comparten los miembros fundadores y que se pretenden transmitir tanto al interior como al exterior de la empresa. Se expresan no solamente de forma protocolaria, también en las actitudes, motivaciones y expectativas de quienes participan activamente.

¿Cuál es la función de los valores? Su rol dentro de la empresa familiar es el desarrollo de un ambiente en armonía, convirtiéndose en facilitadores para el cumplimiento de los objetivos. En un sentido práctico, conforman el eje rector para crear una guía de orientación.

Cuando en organización se reconocen y comparten los mismos valores, la consecuencia es la cohesión entre los miembros, el mejoramiento de la comunicación y con ellos, la eficiencia en la resolución de conflictos.

No hay que perder de vista que un  empresa familiar es un sistema social de gran complejidad, por el doble universo que integran: el profesional y el familiar, dos organizaciones sociales complicadas en sí mismas, que todo el tiempo deben de resolver la tensión entre la gestión adecuada y la preservación del equilibrio emocional. O dicho de otra forma, en donde el amor hacia sus miembros debe armonizarse con el interés objetivo y el de la rentabilidad. La incondicionalidad contra el desempeño.

Esta particularidad de origen coloca a la empresa familiar en un estado de mayor vulnerabilidad ante las problemáticas, por lo que requiere mayor fortaleza para no sucumbir ante los desafíos.

Valores, ¡hazlos prácticos!

Son tres pasos los necesarios para identificar los valores que apuntalarán a tu empresa:

  1. Aplicar una encuesta para reconocer cuáles son los valores individuales que pondera cada integrante de la familia.
  2. Analizar y discutir los resultados obtenidos en el cuestionario. Cada miembro expone sus respuestas para que el resto las comprenda.
  3. Reconocer los valores con más número de menciones, en los que existe mayor coincidencia.

Una vez obtenidos los valores, lo siguiente es otorgarles un carácter institucional. Esto significa que deben incluirse en los objetivos de la misión y visión de la empresa, además de garantizar que se apliquen en situaciones reales, a través de instrumentos como el protocolo familiar o defenderse desde los espacios de dirección y gobierno.

Así, al mismo tiempo se salva otra problemática: en la familia, los valores se viven de forma directa. Las generaciones más jóvenes crecen con los principios que guían todas las acciones y decisiones de la familia. Cuando los familiares se incorporan a la empresa, lo hacen con los valores familiares interiorizados. Pero, ¿qué pasa con los empleados externos que no han vivido ese vínculo emocional? Cuando los valores se encuentran legitimados a nivel institucional trascienden a todos los participantes de una organización.

¡Los básicos!

Además de los valores que se encuentren como propios en una familia empresaria, existen principios que debe adoptarse para mejores prácticas corporativas:

  • Desde prestaciones contractuales a las relaciones con proveedores, la transparencia en la gestión de una empresa genera certeza y confianza para quienes la integran y para quienes consumen sus servicios. Además, fomenta la capacidad de organización estimulando la competitividad.
  • Autocrítica. Conocer las capacidades y las limitaciones propias y del equipo permite establecer una planeación estratégica con mayor precisión. Identificar las destrezas da la posibilidad de distribuir tareas con un alto grado de éxito; al mismo tiempo, se reconocen las áreas de oportunidad en las que es necesario capacitarse.
  • Sin éste, es imposible desarrollar una estructura. Una organización está compuesta por diferentes miembros que deben interactuar para realizar sus funciones: considerar al otro debe ser un principio cotidiano en todos los actos de la empresa.

Desde que un fundador esboza un proyecto empresarial surge el deseo de perpetuarlo y éste sólo se consolida con el involucramiento de más miembros que comparten una visión y el deseo de continuidad en torno a un proyecto. Organizarlo a partir de los principios, trae como consecuencia el éxito.

O en palabras de Roy E. Disney:

Cuando tienes los valores claros, las decisiones son más fáciles.

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